domingo, 12 de agosto de 2012

DÍA 2: MIAMI - TALLAHASSEE


Millas recorridas: 490
Total: 765

Amanecemos por segunda vez en Miami, nuestro piso 18 nos regala magníficas vistas de la bahía.


A las 8 de la mañana empezamos a funcionar, hoy nos espera la que es –sobre el papel- la etapa más larga del Coast to Coast. Cerramos maletas y nos damos cuenta de que el ritmo de enguarre de camisetas se nos está yendo de las manos, en dos días tenemos hecha una mierda la mitad de la maleta…

Nos damos un último baño en la piscina, apuramos la wifi para hacer unas llamadas de skype y nos metemos en el Durango para dar una vuelta por Little Havana antes de abandonar Miami.

Tras cinco minutos pegándonos con el GPS para meter la calle ocho: “que no, que va en número, no coño: mete street en vez de calle, pero entonces street eight o qué…?” lo acabo metiendo a mano sobre el mapa. Tampoco nos acordábamos de a qué altura de la calle había que ir, bueno, ya preguntaremos.

Alguna bandera cubana perdida nos asegura que ya no se van a descojonar de nosotros por estar en la otra punta de la ciudad, de manera que preguntamos a un paisano. Se apoya en el marco de la ventanilla del señor Barrenos, y una vez respondida nuestra pregunta, como buen cubano, arregla el mundo en cinco minutos. Al enterarse de donde venimos, nos regala una caricatura de Castro, Chávez y Evo en una postura comprometida. Si, estamos cerca de Little Havana, ahora ya no hay duda.


Aparcamos a dos manzanas de Máximo Gómez Park, donde desde esta hora de la mañana, en las mesas se juega al dominó y al ajedrez. Por el camino nos ventilamos un perolo de zumo de naranja cada uno, que nos sabe a gloria… madre mía, el sol ya cae sin piedad, y cualquier movimiento que no sea caminar a paso de abuela te hace empapar la camiseta de sudor.

Little Havana mola, y sí que es cierto que es un pedazo de Cuba en el país yankee. Saliendo de la Calle Ocho, hasta encuentras gallinas tranquilamente haciendo cosas de gallinas en la acera.


El tiempo del parking se agota, así que volvemos al coche. Mientras el señor Tuercas compra unos puros, metemos en el GPS una dirección cualquiera de Tallahassee. Nos dice que nos separan 490 millas, no está nada mal. Hay que ponerse a rodar ya.

Salimos de Miami por la I-95 hacia Orlando, en medio de un tráfico bastante intenso. Acostumbrados a los 90Km/h de los camiones españoles, cuando un monstruo de éstos nos pasa a 130, se nos pone de corbata. Llevamos el control de crucero a 70 millas por hora y nos pasan absolutamente todos. Increible.


Cuando empiezan a rugir las tripas, paramos en un área de servicio. Creedme, en la superficie despejada en medio de la selva para construirla también podrían haber puesto un aeropuerto, para Jumbos. Las dos calzadas de la interestatal circulan paralelas, se separan para dejar en medio el área de servicio a la que se puede entrar desde cualquier sentido.

Aparcamos frente al edificio, el termómetro marca 99ºF, abrimos la puerta y comprobamos que hemos hecho el cálculo bien: más de 37 grados de los nuestros. Entre el calor que sale por debajo de nuestro coche y lo que nos cae por encima, me da la sensación de que me voy a fusionar con el asfalto.

Cuando alcanzamos la entrada, la bofetada es en la otra mejilla. ¿Quién se ha dejado abierta la cámara frigorífica?… el aire acondicionado debe estar a -24ºC. Casi echando de menos una sudadera, nos zampamos una hamburguesa en un Wendy’s y rellenamos los vasos 4 o cinco veces cada uno. Es increíble la cantidad de mierdas de colores y superazucaradas que te puedes echar al gaznate en un sitio de estos. Coges tu vaso, te levantas y rellenas las veces que quieras, de manera que no entiendo muy bien a los que pasean alegremente su vaso king size por el local. Son sus costumbres y hay que respetarlas, supongo.

Relleno una última vez mi vaso de un extraño fluído rojo que se supone que tiene tropecientas vitaminas (pero lo que lleva en realidad es un camión de azúcar por galón…) y volvemos al coche.


A estas alturas nos estamos dando cuenta de que hemos triunfado con el coche: si el ordenador de a bordo no es muy fantasma, nuestro 3.600cc se conforma con un galón por cada 25-26 millas. Este número mejora nuestras previsiones más optimistas de lejos. En Miami hemos gastado algo más de lo que había previsto, pero en gasolina parece que vamos a ahorrar.

Un rato después, enriquecemos la experiencia disfrutando de un excitante atasco de media hora en la interestatal. Ni idea de la causa.



Las nubes que nos llevan acompañando un rato se abren sobre nuestro Durango y nos cae un chaparrón bestial. Y cuando creemos que lo hemos dejado atrás, el cielo descarga un rayo en la calzada del otro sentido de la autopista. Muy cerca, y cuando digo cerca, me refiero a que casi me las hago encima.

Cerca de Gainesville, llevo conduciendo alrededor de 300 millas y decidimos que va siendo hora de parar y cambiar de conductor. Y si de paso empezamos a surtir el maletero de comida basura en un centro comercial, matamos dos pájaros de un tiro. Buscamos en el GPS el más cercano y nos dice que hay un Walmart en la siguiente salida: perfecto. Ahora ya tenemos la sensación de estar metidos hasta las cejas en los USA.

Entramos, y después de digerir la diferencia de 20ºC entre el exterior y el interior nos damos una vuelta por los pasillos. Sorprende que si tiene 30, sólo 6 son de comida, y no hay nada fresco. Ni frutería, ni pescadería, ni carnicería, todo bien empaquetado y listo para comer directamente de la bolsa. El pasillo de las bebidas es un cachondeo: hay refrescos de cuatro millones de colores, y si buscas agua tienes que rebuscar porque sólo hay dos marcas.


Por $15 nos hacemos con una nevera que nos acompañará hasta el final del viaje, porque vemos que no hay problema en tenerla permanentemente surtida de hielo. En todos los hoteles, moteles y áreas de servicio que hemos visto hay máquinas de hielo. Y en la mayoría es gratis.

Salimos bien cargados de morrallas variadas de todos los sabores y colores, y también pan, jamón y queso para solucionar la cena en el caso de que se nos alargue el día y lleguemos a Tallahassee con todos los sitios cerrados.


El señor Barrenos se pone al volante entre Gainesville y Tallahassee, mientras cae la noche, paramos a llenar el depósito por primera vez. 50 dólares a 3,65 el galón y la aguja vuelve a la F. F de Fuck yeah…

A Tallahassee llegamos pasadas las 10 de la noche, y no tenemos ni idea de dónde quedarnos a dormir. Empezamos probando suerte con un par de moteles que aparecen a la entrada de la ciudad. Nos piden $156, y $149 por una doble con dos queen size. Este no es el precio que esperábamos ni que estábamos dispuestos a aceptar, de manera que seguimos buscando. En el siguiente, ya metido en la ciudad, nos costaría $139, tampoco. Finalmente le hacemos caso al GPS, que nos indica un Motel6 a milla y pico.

Al llegar, desde fuera ya nos damos cuenta de que va a ajustarse mejor a nuestro presupuesto. A través de una ventanilla (el lobby ya está cerrado), le preguntamos a la encargada y nos dice que $56. Nos vale, vaya si nos vale. Pregunto si tiene wifi; contesta que sí, pero que con un sobreprecio de $2,9… creo que nos podemos permitir el exceso, venga, ponnos una.

El motel es cutre, pero sin llegar al nivel de agujero infecto que esperábamos encontrar. La habitación 114 está a ras de suelo, de manera que aparcamos el Durango a metro y medio de la puerta, y descargamos todo el maletero.

Estamos realmente cansados, así que nos hacemos unos sándwiches lowcost para cenar, mandamos unos correos y uno tras otro vamos cayendo sopa, ignorando la sinfonía de sonidos que nos rodea: una ducha, cisternas, niños corriendo delante de nuestra puerta (es la una y pico de la mañana…), y a última hora, unos cuantos temazos con algún subwoofer atronando bastante cerca. WTF?

viernes, 10 de agosto de 2012

DÍA 1: MIAMI - LITTLE DUCK KEY - MIAMI


Millas recorridas: 245

El horario español nos despertó a las 6 de la mañana, perfecto para exprimir el día hasta el final. Mientras el resto de gorilas se despegan de entre las sábanas, salgo a dar un paseo por los alrededores del hotel, por donde hay gente corriendo desde antes del amanecer. Coconut Grove es un barrio tranquilo, en el que aparecen más hoteles y puertos deportivos en mi paseo matutino antes de que apriete el sol. A la vuelta, veo que el resto ya se han levantado y me saludan desde la terraza.

Allí, en el piso 18...

Tras disfrutar de un suculento desayuno en McDonalds, enfilamos el coche hacia el sur, hacia los cayos, metiendo todavía más millas entre nosotros y el Pacífico… pero esto había que verlo.



Con el Caribe a la izquierda y el Golfo de Mexico a la derecha, rodamos ciento y pico millas hasta llegar al Seven Mile Bridge. Aparcamos en la entrada y caminamos bajo la plancha del sol de mediodía. Nos hacemos las típicas fotos chorras y, al ver que nuestra piel ha alcanzado el punto de ebullición, decidimos volvernos al coche al abrigo del climatizador. Cruzamos el nuevo puente, dejando a la derecha Pigeon Key, el cayo que partía el antiguo por la mitad.


Cuando tocamos tierra firme de nuevo, damos la vuelta y nos metemos en un área de recreo que aparenta ser la única medio playa a la vista en las últimas millas. En este punto –el más alejado del destino- celebramos la ceremonia de inauguración del Coast to Coast, cogiendo un puñado de arena que viajará con nosotros hasta las costas de California.


En la pseudoplaya hay unas diez personas, no más, y cuatro o cinco tíos haciendo kitesurf. Intentamos quitarnos el calor de encima con un baño, pero la sopa del Caribe no ayuda mucho…

Recogemos el chiringuito después de que una kitesurfista airee las aguas de su cometa sobre nuestro coche y nos lo llene de salitre. Bien, un día con el coche y ya está lleno de mierda.


Al volver a rodar nos empieza a entrar el gusanillo y decidimos parar en Islamorada a comer. El sitio elegido es el Islamorada Fish & Co. Nos sonaba de nuestras largas tardes en invierno pidiéndole consejo al señor Google. Allí nos sientan en una mesa muy chula sobre un muelle con vistas al Golfo de México y nos ponemos a hacer lo que mejor sabemos hacer, probablemente el último pescado que vayamos a probar en las próximas semanas…y de postre, como no podía ser de otra forma, una Key Lime Pie.



Miami nos recibe de nuevo con las calles repletas de exotics y el “Hala mira macho, un xxx...” en boca del señor Barrenos cada dos minutos.


Son las 6 de la tarde y decidimos disfrutar un poco de la piscina del hotel antes de ir a ver si nuestro amigo José ha tenido suerte buscándonos nueva montura. Media hora en el caldo nos convence de que eso no nos va a refrescar mucho, así que optamos por meternos de nuevo en el coche que por lo menos tiene aire acondicionado, y dirigirnos de nuevo al aeropuerto.

En caso de que nos cambien el coche, hay que dejarlo con el depósito lleno, así que de camino paramos a repostar. Escogiendo un poco entre las tres o cuatro primeras gasolineras que nos encontramos (las diferencias de precio pueden ser de 0,20 dólares por galón entre un lado y otro de la manzana) llenamos el depósito por $52 en una gasolinera en la que el dueño nos recibe con acento argentino y nos cuenta que es nieto de un tío de Luarca.

Cuando llegamos a la terminal, nos perdemos, por mucho GPS que lleves, si es la primera vez que vas, te perderás. Y acabarás por ejemplo en el túnel de lavado de Alamo, como nosotros… Diez minutos después encontramos el parking de National, y dando vueltas por allí está nuestro amigo entregando un Mustang cabrio a otro cliente. Sospechosamente aparcado allí mismo hay un Durango verde metalizado secándose, acaban de lavarlo (lavárnoslo?)

José se acerca y nos confirma la buena noticia, el Dodge es nuestro si lo queremos, sin pagar un duro más, el único problema es que no nos encuentra el cover para las maletas. Amigo, a todos nos da igual en este momento; sudando como pollos en aquel parking descubrimos que además del USB, tiene enchufe para los ordenadores, está mejor acabado y equipado y nos mola bastante más que el Traverse. En medio de la emoción, acordamos darle $30 de propina a José, que seguía dándole la brasa a todos sus contactos para encontrarnos un cover, casi parecía más preocupado que nosotros, que a estas alturas ya teníamos asumido que taparíamos las maletas con la manta de Iberia que habíamos mangado del avión… cuando estábamos saliendo del parking, alguien nos silba, miramos y allí estaba nuestro amigo cubano con la pieza que faltaba. Miel sobre hojuelas, todo ha salido redondo en esta visita al aeropuerto.

Con nuestro flamante buga nuevo (momento palote épico), salimos a disfrutar un rato de la Miami Nightlife. Camino de South Beach, nos detenemos en un descampado al otro lado de la bahía para clavar una amplia sesión de fotografías del downtown al atardecer.



Aparcamos cerca de Española Way, la típica calle de turisteo con terrazas a cada lado. La sed aprieta, pero el instinto nos dice que aquí nos van a clavar vivos, así que decidimos caminar un poco más hacia la playa.

Nos encontramos baratijas como ésta de camino

Acabamos de nuevo en Ocean Drive, seremos masocas, supongo… viendo que nuestro plan de no dejarnos medio sueldo en una cerveza iba a ser imposible, nos sentamos en la terraza del Carlyle. Me da vergüenza deciros lo que pagamos por unas cervezas y un par de cocktails (tamaño XXXL, por lo menos), pero terminamos amortizándolo saturándoles la wifi durante la hora y pico que estuvimos saboreando nuestros tragos.


La razón se impone, así que sabiendo que mañana tenemos que pegarle el bocado más grande que podamos al tramo que nos separa de Nueva Orleans, a las 2 de la mañana nos recogemos. Junto al coche, el señor Tuercas pisa el truño de chucho más maloliente de todo Miami Beach, buena suerte para todo el viaje, suponemos…

DÍA 0: MADRID-MIAMI


Millas recorridas: 30

Tras la octava revisión de equipajes y con la certeza de que "fijo que se me olvida algo, tío", cerramos las maletas y asaltamos un taxi enfrente de casa. Desde que alguien decidió poner el metro a precio de oro, lo caro en Madrid es meterse bajo tierra para coger un avión. El taxista flipa cuando le contamos que las que recorremos con él son las primeras millas de las miles que hay previstas (por cierto, si nos lees, saludos para ti y tu colega el del M3). Al final de la terminal satélite se encuentra nuestra puerta de embarque.


Sin novedad en Barajas, embarcamos y despegamos puntales. Un vuelo tranquilo (salvo por cuatro bebés inoportunamente llorones) acaba con nuestros culos en el Aeropuerto Internacional de Miami. Un cielo medio nublado y una bofetada de calor saturado de humedad nos reciben al atravesar la puerta del avión. Después de tantos meses de preparación pisamos tierra yanki, por fin.

Los cuatro gorilas pasamos sin problemas -y en 5 minutos- el control de aduanas. Todo fueron algunas preguntas rápidas sobre nuestro viaje, foto, huellas dactilares, un sello en el pasaporte y vía libre. Recogemos las maletas (que ya nos estaban esperando junto a la cinta) y vamos a por el quinto compañero del viaje.

Tras media hora solucionando el mundo con el paisano de la oficina del alquiler, nos sella el contrato y bajamos al monumental aparcamiento de la terminal. Y cuando digo monumental, es que varios campos de fútbol cabían allí dentro. Cada compañía de alquiler tenía su propio piso. El hombre de la oficina nos dijo que cabrían sobre 20.000 carros ahí dentro.

José, con su inconfundible acento cubano nos dice que se encarga de buscarnos el coche. Cuando le decimos la kilometrada que le vamos a meter, se parte la caja y nos pregunta si queremos volver a España conduciendo. Nos adelanta que nos va a buscar algo grande y cómodo para rodar. Miedito... Aparece minutos después, entre Chargers, Mustangs y Camaros con un Chevy Traverse negro. Nos miramos con cara de poker: “¿Qué coño es esto?”

Si, vale para ir a comprar el pan

El problema es que no tiene cover para el maletero (teniendo en cuenta las veces que vamos a dejarlo cargado, no nos hace mucha gracia), y tampoco USB para escuchar las semanas de música que hemos preparado para la ocasión. Se lo comentamos a José y nos dice que en ese momento no tiene otra cosa mejor disponible, pero que nos pasemos el día siguiente porque suele haber Dodge Durangos que se ajustarían mejor a lo que necesitamos. Como pasemos y mañana haya uno, nos vamos a ahorrar $500, que es lo que había de diferencia en la web entre el Grand Cherokee y el Durango.

Salimos de la terminal y ponemos Ocean Drive en el GPS, a pesar de la reventada que traemos (deben de ser las 2 o las 3 hora española, yo qué sé…) los cuatro palotes nos van a mantener despiertos unas cuantas horas más.



Las primeras millas por Miami nos van a romper el cuello de tanto girarlo. Tíos en Harleys sin casco, los V8 atronando a izquierda y derecha, avenidas de 8 carriles, scalextrics de 4 pisos, el downtown al fondo enmarcando la imagen…

Imagenes del Vice City vininedo a mi cabeza...

Llegamos a Ocean Drive y lo recorremos de sur a norte. Tal y como lo habíamos visto mil veces en películas. La meca del postureo, aquí con una cuenta corriente con menos de siete ceros no eres nadie, colega. Nos miramos los unos a los otros, nos vemos las pintas lamentables que llevamos, y decidimos ir al hotel, pegarnos una ducha, poner un polo limpio y volver sin dar tanta pena.

Nuestro hotel nos espera a unos diez minutos, en Cocunut Grove. Sinceramente, cualquier cosa nos vale a estas alturas de la película, pero la sorpresa es cojonuda. Al darnos las llaves, nos dicen que “your room is on floor 19th” (18 en la realidad, porque no existe el 13)… Las vistas a la bahía disparan la motivación gorilesca, casi no pesan las 3.482 horas que llevamos despiertos.



Volvemos a Ocean Drive, aparcamos por allí, (parkimetros con tarjeta de crédito, nos llevan siglos de ventaja), y nos sentamos en una hamburguesería (la primera del viaje) a hacer la cuarta o quinta cena del día, yo que sé... En esta terraza luce una placa que recuerda que aquí Al Pacino rodó una escena de Scarface. Entre el ruido, la música, el idioma y el sueño tardamos en entendernos con la camarera unos minutos pero conseguimos nuestro objetivo y cenamos como es debido. A la hora de pagar nos damos cuenta de lo distinto que es este país con el tema de la propina.


¿Alguien ha visto la última temporada de Dexter?

Nos rompemos los cuellos una vez más –en esta calle podrían cobrar entrada a los petrolheads como nosotros- y nos damos cuenta de que empiezan a pesar de verdad las piernas. Hora de volver al hotel y meterse al sobre, mañana esperan los cayos y las primeras millas de verdad.

lunes, 6 de agosto de 2012

GORILAS AL TREN

Salimos de casa y cogemos el taxi rumbo a Barajas...
Siguiente entrada desde la Florida.

jueves, 2 de agosto de 2012

ÚLTIMOS RETOQUES

Queda poco para cerrar el equipaje, pero seguimos haciendo cambios, aún con los cojones de corbata como los tenemos ahora mismo ante lo que se nos viene encima .

Por un lado, hemos solucionado un error que -en medio de la emoción- habíamos cometido en la fecha de entrega del coche en LA. Sin mayor problema, se cambió la reserva de 22 a 21 días, con la devolución de la diferencia de pasta (que acaba de llegar a mi cuenta, todo hay que decirlo). Interesante es, que sin orden por nuestra parte, automáticamente el tipo de coche ha cambiado. Ahora la agencia de alquiler, en lugar del Chevy Trailblazer, nos dará un Grand Cherokee o similar (ojo con el "o similar").

Olvidaos del SRT8, pero la foto mola eh?

Mal y bien a la vez, me explico: mal porque el Grand Cherokee lo vemos en España a la vuelta de cada esquina y el Chevy es más molón; pero bien porque, pensando con la cabeza, el Jeep es mejor coche para el Coast to Coast. Su motor de 3.600cc rueda hasta 6 millas más con cada galón que el del Trailblazer, lo que se traduce por un lado en mucha más autonomía (hasta 500 millas) y por el otro, en un ahorro de unos $250 al llegar a las costas de California. Y eso son buenas noticias viendo cómo está el dolar y cómo el galón ha subido ligeramente de precio en las últimas semanas.

Otro cambio que hemos metido tiene que ver con la ruta. Dándole unas cuantas vueltas, hemos concluido que no tiene mucho sentido pasar por Houston si no tenemos ninguna parada interesante prevista allí. La etapa nos expone a los atascos monumentales en las afueras de una ciudad de más de 2 millones de habitantes motorizados con Fords F-250. Así que siguiendo la filosofía del Coast to Coast, nos vamos a meter a la aventura.


Así que a unas 200 millas de Nueva Orleans, dejaremos la Interestatal 10 y nos meteremos hacia el interior de Texas, cruzando el East Texas Oilfield, el campo de petróleo más extenso del país. Pasaremos por la capital del fuel de USA, Kilgore, sumergiéndonos hasta las orejas en el estado de la estrella. Buen momento para recordar aquello de "Don't mess with Texas".


Este cambio nos ahorra sobre el papel alrededor de 60 millas, aunque al salirnos de las interestatales, es probable que no ganemos nada de tiempo. Lo que está claro es que seguro que hace la experiencia Texana más interesante.

Para terminar, queremos mostrar una vez más el infinito agradecimiento gorilesco a nuestros anfitriones en San Francisco. Nos van a dar consejo y fonda en la ciudad en la que más tiempo vamos a detenernos. Gracias, chicos.

lunes, 23 de julio de 2012

A DOS SEMANAS DE EMBARCAR


Exactamente, nos quedan menos de quince días para llamar a un taxi, meter el equipaje en el maletero y decirle al chófer: "jefe, al aeropuerto", en lo que serán los primeros de los veintipicomil kilómetros que nos esperan.

Los temas importantes van quedando cerrados, y aquí os vamos a mantener un poco al corriente.



Como iréis viendo, lo primero de todo es que a partir de ahora el blog deja de ser una guía de viajes informativa y lo convertiremos en lo que debe ser: un buen cuaderno de viaje. Intentaremos ir contando cada día las millas que pasarán por la ventanilla, los personajes que se crucen en el camino gorilesco, y las historias que pasen sobre la línea amarilla. Lo utilizaremos a modo de teléfono lowcost, porque como le demos mucha cera al móvil incrementaremos los beneficios de telefónica en un 860% durante agosto. Y no, ayer me bajaron el sueldo y estoy indignado.

Al lío, lo importante: la documentación. Ya están hechos los cuatro ESTA. Previo pago de $14 por barba, el tío Sam nos ha dado el visto bueno para embarcarnos en un avión rumbo a la Florida. Bien, otra cosa tachada de la lista.

Por otro lado, los permisos internacionales: el Señor Barrenos y éste que escribe ya hemos pasado por ventanilla. Tras haber abonado casi 10€, nos han sellado un cartón añejo cual pasaje de embarque en el Titanic, y de un tamaño suficiente para echarse a dormir debajo de un puente, donde dice que sí, que yes, que we can drive on your roads.

Recientemente hemos encontrado un hotel-chollopremio en Nueva Orleans, donde por poco más de 60€ cada uno dormiremos dos noches a todo tren, y a cuatro calles de Bourbon Street. Sólo queda moverse un poco y solucionar el tema en San Francisco, ya sabéis que el resto de noches vamos a la aventura (con unas buenas listas de alojamientos bajo el brazo, pero a la aventura).

En el tema económico: estamos jodidos, muy jodidos. El euro lleva unos meses arrastrándose de pájara y no levanta cabeza. Hoy acaricia el mínimo cambio de los últimos 6 o 7 años, y ya no tiene mucha pinta de remontar el vuelo en las 2 semanas que quedan.


 
Desde abril estás que lo rompes, macho...

Por otro lado, nuestros bancos nos cobran un amigable 2% de cargo en cada compra en que tiremos de tarjeta; y para colmo, nuestra única alegría, el buen ritmo que llevaba el precio del galón de gasolina, ya no es tan bueno y empieza a ponerse cuesta arriba... magnífico. Nos veo haciendo eco-driving con nuestro V8.

Pequeñas menudeces de última hora nos esperan con largas discusiones. Me refiero al equipaje. Como ya sugeríamos en anteriores entradas, no vamos a ir con tres semanas de ropa limpia encima, porque habría que alquilar un remolque y sherpas en cada motel. Sabemos que acarrear poco equipaje nos va a facilitar cada día y que 3, 4 o 5 coladas habrá que hacer. Pero en un viaje en el que pasaremos de los 31ºC caribeños de Miami a los 50ºC de Death Valley y de ahí a las noches de 11-12ºC de San Francisco, hay que darle unas cuantas vueltas al tema.


Además, queda por solucionar algún tema menor, como lo de los transformadores de corriente, lo de la música... chorraditas de última hora de esas que te recuerdan que ya no queda nada.

miércoles, 4 de julio de 2012

NOVEDADES DE ÚLTIMA HORA


4 de Julio...coño! 4 DE JULIO!!! Estamos a un mes de iniciar nuestro viaje en el aeropuerto de Madrid-Barajas y ahora mismo hay un montón de gente al otro lado del charco celebrando con barras y estrellas por la calle su día de la Independencia, FUCK YEAH!!!


Eeeeeh! que tampoco nos quedamos cortos. De hecho a mí todavía me dura la afonía y la resaca de celebración futbolística. Nosotros también hemos tenido nuestra estrella y nuestras banderas bien ventiladas estos días...

Me hace gracia, The Boss y The Biss en el mismo salto de página

Bueno, al tema, que ahí ya tenéis material musical para la entrada entera. Estas últimas semanas han sido claves en el progreso de nuestro Coast to Coast. 

En primer lugar nos pusimos al tema del coche de alquiler. Está claro que no es una pieza clave del viaje, es LA PIEZA CLAVE. Va a ser el quinto pasajero (sí, como Alien), el sofá en el que pasaremos muchas horas, el comedor de nuestro viaje, el mirador a través del cual veremos la línea amarilla acercarse al Pacífico y quién sabe si también se convertirá alguna noche en nuestra "Quechua by Decathlon" particular.

Tras mucho mirar y mirar quedaron sólamente 2 posibles candidatos: Dodge Durango y Chevy Trailblazer.

Dodge Durango ECOgreen, enchufable a una manguera de gasolina

Chevrolet Trailblazer híbrido (funciona con gasolina o con más gasolina)

Mentiría si no reconociese que las discusiones en mi habitación con el Señor Grapas (mi fiel shurmano) fueron duras . También intervinieron vía whatsapp el Señor Tuercas y el Señor Bujias. Rápidamente las dudas se dispersaron cuando la amable señorita del alquiler nos dijo que el Durango costaba unos 700€ más -¡me cago en ROS!-. Fue entonces cuando los halagos y piropos al modelo de GM se sucedieron -ya lo decía yo!! es mejor coche-, -joder...mola mucho más-, -es más manejable, no nos engañemos es mejor coche-, -los posavasos son más bonitos- y así un montón de frases de autoconvencimiento.

El Trailblazer es el típico SUV yankee, puede que también lo sea el Durango, pero una cosa está clara y es que la silueta delantera con el faro partido es inconfundible, cosa que no se puede decir del Dodge. Nuestra montura cuenta con un motor v6 de 4200 cc y 290cv que consume de media unos 13L/100km muy bonito que va en la parte delantera del coche.

De espacio supongo (y digo supongo porque alguna Barbie viene con nosotros) que el equipaje cabrá sin problemas, el maletero es muy grande. No he encontrado datos de cubicaje...pero en las fotos se ve enorme.

¿se convertirá alguna noche en la cama de algún gorila?

En cuanto al resto de pijadas, pues sí, tiene todo lo que cualquier buen yankee pueda necesitar: plastiquetes por doquier, 4 asientos enormes, unas lunas tintadas de calidad, unos cuantos posavasos y cómo no, un equipo de música con mp3 para escuchar tus mejores temazos con las ventanillas bajadas:
van damme y la vaina loca...CLASICAZO!

Ahora poniéndonos un poco en serio, es necesario acordarse de que para conducir fuera de la UE necesitaremos el carnet internacional. En este tema los autores discrepan y leyendo en los foros hay mucha gente que no lo ve como algo indispensable, pero para ir más tranquilo, mejor sacarlo. Nunca sabes qué policia te va a parar y qué te va a pedir. Cuantos más papeles, mejor.


En sí, el carnet internacional es una mierda de trozo de cartón que encima no tiene validez por sí mismo, es decir, debe ir acompañado SIEMPRE de nuestro permiso nacional. Para sacarlo es necesario ir a la oficina de Tráfico de nuestra ciudad con el DNI en vigor, y 10€. Allí nos darán una solicitud para rellenar y en 10 minutos tendremos nuestro "calendario zaragozano" listo.

Cambiando de tema, estas semanas también han servido para reservar el alojamiento en dos de los sitios que haremos doblete de noches, Miami y Las Vegas.

En Miami nos hospedaremos al sur, cerca del puerto deportivo. ¿Las razones? Está claro que South Beach es lo más mítico para alojarse, pero ¿realmente es tan mítico como para pagar $200 más por una habitación que apenas vas a ver? NO, está claro. Por ello, hay muy buenos hoteles, un poco alejados de South Beach  pero que de noche, cuando vayamos a la cama, no tendremos que estar escuchando los temazos de Pitbull del garito de la esquina.


South Beach mola, pero el silencio para dormir también...


Unos cuantos miles de millas después nos espera Las Vegas. Allí si que nos hemos ido a lo mítico, y hemos reservado 2 noches en el Mirage.




El Mirage se inauguró en 1989. Fué el primer hotel-casino que fué construido con dinero de Wall-Street, esto quiere decir que los del Mirage fueron a pedir pasta a Nueva York en forma de bonos y allí se lo dieron a condición de devolverlo en 7 años. Esto exigía unos beneficios de casi $1 millón al día -el señor del Mirage los tenía de corbatina- pero en 1 año y medio se pagó sin problemas y el señor del Mirage se pudo tumbar en la piscina a tomar el sol y dedicarse a tener ideas felices como la montaña de fuego de su hotel.

Tiene 3044 habitaciones y ha sido modelo de muchas películas míticas. A los más frikis nos recordará porque en el Grand Theft Auto San Andreas aparece como "The Visage".



Aparte de la chorrada de los bonos y el GTA, el Mirage es curioso por lo siguiente:

- Aparece en la intro de la serie Las Vegas.
- Es el Hotel-Casino más caro de su época, costó $630 millones.
- Tiene un tranvía GRATUITO (como mola esta palabra cuando vas a gastar tanto dinero) que lo comunica con el Treasure Island.
- El cartel de "The Mirage" situado delante del Hotel es el más grande del Mundo.
- El color dorado de sus ventanas se debe al auténtico oro utilizado en su coloración (al final si que va a servir el maletero del Trailblazer...ya lo decía yo).

ojoooo...cartelaco!!

¿Por qué hemos elegido el Mirage y no cualquier otro? Pues buena pregunta. En principio estabamos mirando los más centrados en el Strip para no regalar kilómetros innecesarios a nuestras maltrechas y cansadas piernas. Viendo la oferta que hay centrada en el Strip, nos quedamos con el Bellagio, el Venetian, el Caesars Palace, el Mirage y el Treasure Island. El Caesars Palace es un atraco a mano armada, ya que las 2 noches para los 4 era dificil encontrarlas por menos de $1000. El Bellagio estaba hasta la bandera y el Venetian era bastante caro también. Entre el Treasure Island y el Mirage, ¿con cual te quedarías tú?...pues nosotros también.

el Mirage por dentro

Eso es todo por hoy. En este mes ya solo nos queda rellenar el formulario del ESTA y reservar un par de alojamientos más. El resto, como bien sabéis, será a la aventura, y lo iremos contando día a día desde allí.