Al César lo que es del César, después de declarar nuestras
intenciones sobre
la Ruta
66 en entradas anteriores, es hora de guardar el hacha de guerra. Porque
nuestro Coast to Coast y la famosa ruta comparten un tramo de unas
600 millas desde
Oklahoma hasta Arizona, y
no todo lo que veremos en él serán mamarrachos
pañueleros haciendo “el viaje de sus vidas”.
La Ruta
66 no existe sobre los mapas actuales, fue retirada del sistema nacional de
autopistas en 1985 y en su lugar se ofrecieron los cómodos trazados de las
nuevas interestatales. Pero eso dolía en una nación con poco más de 230 años de
historia, donde algo con 86 años de edad es como para nosotros un castillo
templario del siglo XII. El tirón de lo histórico seguía ahí, y en un país en
el que son capaces de venderle una nevera a un esquimal, no iban a dejar que
los dólares que quedaban por exprimir se fueran con el viento. De esta manera,
la hicieron resurgir como trazado histórico, Historic Route 66. Así que éstas
serán las señales que buscaremos para salirnos del redil de
la I-40 durante unas 600 y pico
millas, en lo que serán dos jornadas de volante.
Llegamos desde el sur para engancharnos a la ruta en Elk
City. Este pueblo de Oklahoma, de unos 10.000 habitantes, vive de la industria
del petróleo y del gas, aunque también se sacan sus dólares de tirar la caña a
los turistas de la ruta. Por ejemplo, a la salida del pueblo hay un complejo de
museos (National Transportation Museum, Pioneer Museum and Beutler Brothers
Rodeo Hall, the Farm and Ranch Museum, Livery Stable, Train Depot…), y entre
ellos se encuentra el Museo Nacional de
la Ruta 66, recomendado por mucha gente. Por $5 para
el complejo entero, a lo mejor entramos.
Desde Elk City hasta Amarillo, ya en Texas, veremos desfilar
por la ventanilla pueblos como Sayre, Texola, Shamrock, McLean, Conway... éste
es un tramo de unos 200Km en el que habrá que rastrear cual sabuesos la antigua
ruta 66, que aparece y desaparece a un lado y a otro de
la I-40. Porque los parajes
interesantes están ahí, no detrás de un Peterbilt de 8 ejes en la interestatal. Y cuando digo parajes interesantes me refiero a chorradas
típicas de la ruta, como esta torre de agua inclinada en Groom.
A la entrada de Amarillo, nos detendremos en el Big Texan
Steak Ranch, el archiconocido restaurante donde puedes pedir un troncho de
carne de
72 onzas
(2Kg), con su guarnición. Pero espera, no es famoso por esto, la gracia viene
ahora: si te lo acabas en menos de una hora, no pagas un centavo. Esperamos que
la comisión culinaria-tragaldabas del Coast to Coast, el señor Tuercas (famoso
por haber nacido con un triturador industrial de basura en lugar de un
estómago), se apunte al reto. Desde aquí le animo a que empiece a hacer hambre
desde hoy.
Amarillo es una ciudad de tamaño medio, en torno a 200.000
habitantes. La ruta la atraviesa de este a oeste por Amarillo Boulevard. No
parece que tenga ningún atractivo especial, porque la mayoría de guías y blogs
pasan directamente del Big Texan al este al Cadillac Ranch al oeste.
Amarillo Downtown, nada muy especial
Ésto es Cadillac Ranch: 10 Cadillacs en fila, medio
enterrados de morro y grafiteados hasta el último tornillo. Tres “artistas”
perpetraron esta (dudosa) obra en 1974, y desde entonces ha recibido miles de
visitas y millones de grafitis, hasta convertirse en una chincheta en
la Ruta 66.
Como curiosidad automovilística, (como nos contaba Mr.
Barrenos en su entrada) hay que decir que están ordenados de manera que se
observan las evoluciones de la aleta de la cola, una característica fundamental
del diseño de los Cadillac de mediados del siglo pasado. La que fuera su época
dorada antes de empezar a fabricar castañas. También te encuentras historias curiosas, como que el ángulo en que están enterrados es el mismo que el de
la Pirámide de Gizeh, o frikadas monumentales como que si están alineados con no se qué constelación, que si la abuela fuma… pero seamos serios, no hay que buscar un Stonehenge donde no lo hay.
Unas millas más allá tenemos Adrian, el supuesto punto medio
de la Ruta 66,
desde donde hay 1139
millas en cada sentido. Me ha picado la curiosidad y he
echando un cálculo rápido, el punto medio de nuestro Coast to Coast está
todavía unas 300 o 400
millas más allá.
El Midpoint Cafe, tienda de souvenirs, cartel para hacerse fotos...
Nos haremos la foto de rigor con el cartel, claro. Pasado
Adrian, seguimos por la 66 original hasta Gruhlkey, donde habrá que volver a
la I-40 porque la original
desaparece bajo la nueva interestatal. Desde aquí hasta la frontera con Nuevo
Mexico hay unas
20 millas
en las que toca tragar millas-basura, qué se le va a hacer.
Cerca de la frontera, tras un cambio de rasante, volvemos a
salirnos de la autopista. La cruzamos por un paso elevado y retomamos la vieja
66 que continúa por el sur de
la
I-40. Aquí nos encontramos con el pueblo fantasma de Glenrio,
a dos pasos de la nueva carretera. Dos pasos que son 30 años.
En Glenrio metes
el hocico en la imagen sin maquillar de la 66 actual, sin manos de pintura ni
tiendas de souvenirs. El pueblo sufrió la misma historia que sufrieron tantos
otros en la ruta: floreció a la sombra de la carretera, y cuando el trazado de
la nueva autopista lo dejó a un lado, desapareció cualquier razón para quedarse
allí a vivir.
Y así es como te lo encuentras ahora, motel abandonado,
gasolinera abandonada, restaurante abandonado, oficina de correos abandonada,
coches abandonados…
A ver si para cuando pasemos este Pontiac Catalina sigue
ahí
Por delante tendremos ahora unas 20 o
25 millas de la antigua
carretera (o lo que queda de ella tras 30 años sin gastarse one buck en ella).
Volveremos a encontrarnos con el siglo 21 y su interestatal en San Jon, sin
embargo, por ahora no hay que cogerla. La 66 y la 40 van paralelas hasta
Tucumcari.
Ésta es una de las paradas clásicas de
la Ruta, aquí encontraremos
alojamientos de rancio abolengo del neón, como el Blue Swallow Motel, que lleva
funcionando desde 1942. Si nos cuadra bien, habrá que intentar hacer una noche
por aquí. Seguimos en el volumen II.